Las cenas de empresa las carga el diablo

He vivido autenticas y salvajes cenas de empresa que dejan en juegos de párvulos las comedias gamberras de Holliwood y de las que no hablaré ni siquiera en presencia de mi abogado. infografia_cena_navidad-01Así que quizás no sea el más indicado para aconsejar moderación. ¿Pero de verdad necesitamos moderarnos?. Este 2016 tan intenso en lo bueno y en lo malo bien merece una buena fiesta de despedida. Una catarsis emocional que nos purifique el alma física y emocionalmente de toda la morralla que se nos ha pegado a la suela de los zapatos y que como los chicles tanto cuesta de limpiar.

Solamente hay que tener en cuenta que toda fiesta tiene su resaca y las de empresa pueden durar muchos meses. Van a cambiar relaciones, seguramente para mejor, se generará complicidad y practicaremos el arte de dar y recibir disculpas.

Existe una actitud y comportamiento no poco frecuente entre directivos y trabajadores, expresado en frases como “no vengo al trabajo a hacer amigos”, “los problemas se quedan en la puerta”, etc. Los dueños de esas actitudes suelen ser personas con poca habilidad para gestionar sus emociones, les incomodan porqué no saben cómo tratarlas y cómo integrarlas con las obligaciones de su puesto y los objetivos del área. Pero la empresa actual, la de la Industria 4.0, la de la guerra por el talento necesita directivos que actuen como gestores de la felicidad (recomiendo los siguientes artículos Gefes: los gestores de la felicidad, Adios jefes, bienvenidos gefes). Porque actualmente nuestros profesionales valoran, y mucho, el salario emocional. El employer branding, o atractivo de la empresa como lugar de trabajo, está en juego.

Y cómo no me quiero extender más, finalizo con un consejo, totalmente prescindible: “Fomenta el roce, lo mínimo que te vas a llevar es el cariño”.

¡BON NADAL Y MUCHA FELICIDAD EN EL TRABAJO!

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La ley como un campo de minas

El pasado 1 de Diciembre pude asistir a una conferencia en el Centro universitario de La Florida sobre el Compliance. En la que mi buen amigo Luis Roche con su compañero Antonio Daroqui, del despacho Roig&Daroqui sito en Catarroja, tuvieron una actuación destacada. Ellos son auténticos especialistas en esta materia.

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Esta palabra, el Compliance, está llamada a formar parte de la realidad del Management español, debido en gran parte a las tensiones sufridas por nuestro sistema económico y social y las situaciones tan poco ejemplarizantes que hemos sufrido por parte de nuestro gestores y gobernantes. Por su significación quisiera compartir este tema en el blog.

El Compliance tiene ya un cierto recorrido en el mundo empresarial anglosajón donde se gestó, concretamente en el sector financiero, que está sometido a una regulación normativa bastante rigurosa. Y es que lo qué significa Compliance es precisamente eso, el “cumplimiento normativo” por parte de la empresa y también de sus directivos y trabajadores. Algo no tan sencillo si atendemos a la profusión de legislación de todo tipo y al propio marco que una empresa se impone con políticas internas, sistema de gestión normativizados, códigos éticos, etc. Es fácil hacerse un lío.

A nadie se le escapa que con todos los delitos societarios que hemos vivido en estos tiempos es deseable una estricta aplicación del derecho para disuadir a los que por obra u omisión aprovechan su posición particular para beneficio propio, o de la propia organización (Enron, Volkswagen, prácticas monopolísticas encubiertas, clausulas suelo, caso Neymar, ¿seguimos?).

Dada la complejidad legislativa y las malas prácticas institucionalizadas, quizás hubiere quien no fuera consciente de incurrir en delito. Y es ahí donde un asesoramiento especializado se hace necesario.

En España con la reforma del código penal esta figura cobra un protagonismo y una función importante.

La Ley Orgánica 5/2010 de 22 de junio, de reforma del Código Penal, introdujo en la legislación penal española una modificación sustancial en el derecho penal empresarial: convierte a las personas jurídicas en sujetos del Derecho Penal susceptibles de cometer delitos, al margen de las concretas personas físicas que las integren, y de ser por ello sancionadas con ¡pena de muerte!. Esto es el cierre y disolución de las empresas que incurran en delitos.

A esto le unimos que se ha invertido la carga de la prueba en contra de la empresa, el empresario o administrador ha de demostrar que no cometió delito alguno. El empresario va a ser directamente responsable de los delitos que se comentan en el seno de su organización, independientemente de que no los haya cometido, puesto que el legislador puede entender que no ha hecho lo suficiente para prevenirlo. Esto ya nos lo hemos encontrado reiteradamente en Prevención de Riesgos Laborales donde las imprudencias de los trabajadores trasladan culpa directa al empresario. Para eximirse de ellas ha de demostrar que su sistema de prevención es efectivo y eficaz y que solamente la actuación personal del trabajador ha provocado el accidente.

El empresario puede tener cierta sensación de indefensión. Por ello el mismo Codigo Penal da una solución creando el Compliance o Programa de Cumplimiento y al Compliance Officer, profesional aliado del empresario para ayudarle a desactivar las minas que se puede encontrar en el transcurso de su actividad.

Así la reforma del 1/2015 limita la responsabilidad penal de las personas jurídicas si la empresa dispone de un programa de prevención, lo que se conoce como Compliance penal, que reduzca el riesgo de comisión de delitos.

Con esto se crea un nuevo perfil profesional el Compliance Officer, que ha de tener no poco trabajo.

El Compliance Officer es la persona responsable de la supervisar y gestionar todas las cuestiones relacionadas con el cumplimiento normativo. Sus principales funciones son la identificación de riesgos, analizar cambios estatutarios y reguladores, determinar medidas preventivas y correctivas, impartir formación a directivos y empleados para que conozcan y apliquen todas las normas y revisar periódicamente la actualización de los procedimientos.

Es un profesional con un perfil jurídico, de control y supervisión y con un componente ético. Ya existe oferta formativa para preparar a los profesionales que se dediquen a esta materia.(IMF, CEF). Además aunque es de muy reciente creación, se ha constituido en mayo de 2014 la Asociación Española de Compliance (ASCOM).

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Si nos detenemos un poco en sus principales funciones del Compliance Officer, estas son:

  • La elaboración de un mapa de riesgos de la empresa,
  • Analizar cambios estatutarios y reguladores,
  • Determinar medidas preventivas y correctivas,
  • Impartir formación a directivos y empleados para que conozcan y apliquen todas las normas.
  • Revisar periódicamente la actualización de los procedimientos.

El Programa de Cumplimiento consiste en elaborar un mapa de riesgos de la empresa, aquellos riesgos en los que por su actividad pueda ser más frecuente caer y elaborar medidas para afrontarlos y prevenirlos.

Vemos que este profesional ha de estar muy familiarizados con conceptos de organización, formación, gestión por procesos y sistemas de gestión. Además ha de ir más allá (debería) del cumplimiento de la norma, ser capaz de manejarse en lo legal y normativo pero también en lo ético. Asumiendo la Responsabilidad Social y la implantación de buenas prácticas como un eje de su profesión.

En todo caso el ejercicio de su función va a involucrar a todo el personal de la empresa. Todos, directivos, empleados, consultores, debemos imbuirnos de este afán normativo y ético, de unas relaciones y conductas laborales transparentes y honestas que aseguren que la  empresa ayuda al desarrollo de la sociedad y no a su degradación como, por desgracia, tantas veces hemos visto.