Por alusiones

Aunque han pasado ya algunos días, quiero hacer una pequeña aportación al debate que se ha librado en las redes sociales, tan denostadas como queridas, que ha tenido bastante repercusión y al que quiero responder por alusiones.

El tema del debate es la educación en secundaria, un tema sensible. Fui usuario como alumno, ahora lo soy como padre y también como orientador laboral me atañe.

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El 23 de Diciembre, el Huffinton Post publicó digitalmente un post, del que os paso el link.

Carta para mis alumnos suspensos

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Un post que fue muy visto y aplaudido, debido sin duda a su contundencia y a la frustración que el autor, como profesor, transmite. Muchos otros educadores y padres se sintieron identificados con el autor.

Me llamó la atención el trato dirigido a los alumnos. El uso del castigo, ridiculización, y en cierta medida del despreció, para intentar motivar a sus “queridos alumnos suspensos”. Desde luego no es un estímulo positivo y dudo de que provoque otra cosa más que rechazo en el alumnado al que fue dirigido el post.

Bien mirado, el video es una exhibición de emociones negativas, irritación, rabia y hartazgo. Muestra más su derrota como docente que una preocupación real por los problemas del alumnado. Muestra además una aversión no disimulada a cualquier enfoque pedagógico y modelo educativo que no estén basados en el sacrificio y el trabajo con sufrimiento. Un ejemplo de mala gestión de las emociones.

Además quiere imponer una visión de la sociedad y de la vida, haciendo valer su papel de profesor como superioridad moral.

Ciertamente hay que ponerse en la piel del docente para comprender tanta ira, pero en ocasiones parece que el profesorado tiende más a quejarse de alumnos, padres, sistema educativo, sociedad, de sus condiciones laborales, etc, que a hacer autocrítica.

Pero lo más grave del post es que el autor enseña la poca confianza que tiene en sus alumnos.

A estas alturas el Coaching educativo ya es una realidad (ej.: loftalent). Y uno pensaría que coaching-educativolos docentes han sido formados y aplican alguno de sus métodos.

Más allá de las técnicas y principios que aplica hay actitudes que en si mismas ya provocan cambio, una que viene al caso es:

  • Ser un fan incondicional de los alumnos.

Si no crees en tus alumnos no puedes enseñar. 

Pero el motivo por el que me siento aludido es por el intento que hace el docente de encontrar un motivador para el aprendizaje aludiendo al futuro profesional. En concreto, el autor del post se pregunta si el alumno será capaz de entender las clausulas de un contrato. Ante lo que me pregunto: ¿de qué tipo relaciones laborales está hablando?. En unos años se van a redefinir todos los conceptos centrales de las relaciones laborales, entre ellos jornada, retribución, condiciones laborales, flexibilidad y presentismo. La cuarta revolución industrial ya está aquí y va a tener un impacto directo en la organización y estructura de las empresas y también en las prácticas laborales.

Más vale que la enseñanza no se sustente en dogmas inamovibles, porque la realidad que se enseña a los 15 años no serán la que se van a encontrar los jóvenes a los 21.

La formación reglada va por detrás de la realidad y por supuesto no se anticipa a lo que vendrá (ver El futuro del trabajo).

Si el motivador principal para que aprendan el temario del curso, hagan los deberes en tiempo y cumplas con las exigencias del colegio es el futuro profesional, tal como se entiende actualmente, vamos mal.

En el informe The Future of Jobs del Foro Económico Mundial (World Economic Forum, WEF) o también llamado Foro de Davos, en reunión en Febrero de 2016, advierte  de que la mayoría de puestos de trabajo no existían hace 10 años y que el proceso de renovación de competencias se está acelerando. El 65% de los niños que estudian ahora primaria trabajarán en profesiones que todavía no existen. Lejos quedan los años en los niños escogían a una temprana edad ser abogados, médico, arquitecto o ingeniero y los más zotes estudiaban Magisterio.

Precisamente la primera recomendación a largo término que realiza el Foro de Davos es:

Repensar los sistemas educativos. Textualmente dice:

La mayoría de los sistemas educativos existentes en todos sus niveles proporcionan una formación muy limitada y continúan con prácticas del siglo XX que están obstaculizando el progreso de los problemas actuales del talento y del mercado de trabajo. Dos de estos problemas heredados que gravan los sistemas educativos formales en todo el mundo son la dicotomía entre Humanidades y Ciencias y la formación aplicada y por otro lado la primacía del prestigio asociada a la educación certificada- en lugar del contenido real del aprendizaje-. Las empresas deben trabajar en estrecha colaboración con los gobiernos, los proveedores de educación y otros para diseñar lo que podría ser un plan de estudios verdadero del siglo XXI.

En definitiva que todo lo que están enseñando actualmente no será de aplicación en un futuro.

Siguiendo la polémica, en La milonga del instituto, otro docente, este sindicalista, pretende rebatir al anterior haciendo una defensa cerrada de prácticas educativas más pedagógicos junto a un discurso de la modernidad. Aunque citando a  Fray Luis León y la Soborna, parece que seguimos sin entrar en el siglo XXI.

Efectivamente como dice, la información está en todos los sitios, pero sin un propósito definido no es más que ruido, infoxicación. La dispersión es uno de los males de nuestro tiempo, propiciado por tanta información a la que no le damos sentido.

En definitiva nos debatimos entre, por un parte el discurso actualizado de educación como castigo y por otra parte el discurso pro-logse. Sin embargo, este siglo tiene suficientes retos (tecnológicos, sociales, medioambientales) para merecer una actualización de las prácticas educativas y escuchar otro discurso más fresco y motivador, que nos dé esperanza de que nuestros jóvenes lo van a hacer mejor que nosotros. Que yo, personalmente, confío y creo que así será.